Lo creamos o no, juzgar a los demás es algo increíblemente habitual. Algo que resulta ser contradictorio dado que a menudo pedimos a los demás que dejen de juzgar nuestras acciones y comportamientos. Juzgamos y somos juzgados constantemente, sin ninguna forma de evitarlo.

Pero el daño que causa el juicio es algo en lo que debemos pensar y reflexionar. Debemos mirar dentro de nosotros mismos, mirarnos a nosotros mismos y dejar de invertir tanto tiempo para ver qué hacen los demás, cómo lo hacen y por qué.

¿Cuántas veces hemos sido juzgados erróneamente? Seguramente muchas. Es por eso que debemos evitar juzgar a otras personas. Respetar lo que hacen los demás y decidir, porque tal vez lo que se está criticando tanto, también lo terminamos haciendo tarde o temprano. Entonces nosotros seremos juzgados.

NUESTRA PERSPECTIVA NO ES LA ÚNICA

A menudo, no nos permitimos imaginar la situación de la otra persona y ponernos en su lugar. Así, creemos que nuestro punto de vista es el único válido y esto nos impide ver más allá y comprender otras perspectivas diferentes.

¿Qué nos hace estar tan seguros de que nuestra forma de ver las cosas es la correcta? Hay que permitirnos dudar, aceptar que ambas posiciones pueden ser correctas, y que esto no hace que una de ellas sea mejor o peor. No siempre tenemos la razón. Podemos estar equivocados y juzgar las acciones de los demás puede convertirse en un malentendido.

Es imposible saber toda la historia que hay detrás de otra persona. Es por eso que no debemos juzgar sus acciones. Pensemos en nosotros mismos. ¿Cuántas personas hay que no conocen todas las luchas por las que hemos pasado que han afectado nuestras acciones y comportamientos?

No intentemos buscar mejores o peores perspectivas, ya que todas son válidas. Aquello que  inspira el rechazo en nosotros hoy podría parecer atractivo mañana. Hay que abrir la mente y permitirnos descubrir nuevas perspectivas con las que podríamos ampliar nuestra visión del mundo. Tenemos que comenzar a ser personas abiertas y tolerantes. Esto nos hará mejores personas y nos permitirá comprender mejor a los demás.

LAS ACCIONES NOS DEFINEN

Cuando juzgamos a alguien, nos estamos definiendo a nosotros mismos. Podemos dar nuestra opinión, pero criticar o no entender a las personas no las ayudará. Hay que preguntarse si se está haciendo algo bueno por ellas, qué es lo que realmente esperamos lograr.

Cuando juzgamos, realmente no tenemos otra razón que hacer que otros vean el mundo como nosotros. Pero las  diferencias no son algo negativo, son algo que nos ayuda a abrir nuestra mente cuando nos enfrentamos a diferentes situaciones. No se puede esperar que alguien más piense o actúe como nosotros. Como ya mencioné, no hay nada mejor ni peor.

Juzgar a alguien puede causarle un gran daño. Tenemos que pensar en una situación en la que otros nos hayan juzgado. Juzgar duele, y es por eso que debemos ser muy cuidadosos y dejar de hacerlo. Creemos que estamos ayudando cuando, en realidad, estamos causando daño. Creemos que estamos guiando cuando, en cambio, estamos desorientando a esa persona a quien creemos que le estamos haciendo un favor.

HAY MÁS DE LO QUE PARECE

Aquí, está claro que a veces lo que vemos no es toda la verdad. Cada persona es un mundo para sí misma. Nosotros mismos, como ya mencioné, tenemos situaciones y experiencias por las que hemos pasado que nos han causado sufrimiento y nos han enseñado una lección, pero sólo nosotros lo sabemos y comprendemos.

A otras personas también les sucede lo mismo. Tienen una vida que puede haber sido buena o puede haber sido mala. No queremos justificar sus acciones, lo que queremos es juzgarlos. Las personas tendrán sus razones, y aunque no estemos de acuerdo, debemos respetarlas. Tal vez mañana, seremos nosotros quienes hagamos lo que cuestionamos.

A lo largo de nuestras vidas, todo lo que nos sucede cambia nuestra forma de ver las cosas. Lo que vimos como incorrecto hace unos años en realidad puede estar correcto ahora. Debemos ser flexible y nunca juzgar. Podemos dar nuestra opinión, pero sin tratar de hacer que las personas pasen y vean la vida de la misma manera que nosotros. Especialmente porque la nuestra no es la única perspectiva válida.

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